Salida de Campo: Resistiendo desde la agroecología

El 27 de mayo del 2017 Realizamos un intercambio de experiencias y saberes con los y las participantes de La Huerta Agroecológica del corregimiento San Antonio de Prado para fortalecer el ámbito ambiental y político de ambos procesos mediante un convite (acción comunitaria de siembra y otras labores relacionadas con la huerta).


Dimensionamos como la agroecología es una apuesta política que permite transformar el territorio y resistir a las lógicas de violencia y expansión urbana.


También reconocimos el proceso de organización social que se ha dado alrededor de La Huerta Agroecológica.

 El  barrio Limonar del corregimiento de San Antonio de Prado fue fundado por algunas familias victimas de la oleada de violencia y desplazamiento forzoso  que vivió la ciudad de Medellín a principio de la década de los 80's. 





Reforestamos con árboles nativos en la rivera de la cuenca y sembramos hortalizas conservando la lógica de la huerta.

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Este espacio permitió diagnosticar el proceso de la REDAJIC mediante  matriz DOFA para futuras proyecciones. 

REDAJIC en el 17° Festival Agroecológico.



¡Y NOS FUIMOS PARA PALMITAS A CELEBRAR EL 17° FESTIVAL AGROECOLÓGICO!

Donde el tema central fue la organización campesina y las diferentes organizaciones dentro de ella, como la organización de mujeres campesinas, la escuela de agroecología, entre otras.



Fue un día ideal para participar y movilizarnos con la comunidad de la vereda la Aldea del corregimiento de Palmitas y otras organizaciones.




Compartimos con la comunidad en torno a la permanencia y dignificación de la vida campesina


Las niñas y los niños así como las y los jóvenes permitieron el intercambio de experiencias mediante el juego. 





Bailamos, festejamos los derechos de las y los campesinos reflejados en el distrito rural campesino próximo a implementar en Medellín. 


También como REDAJIC nos manifestamos frente a la realidad de las y los jóvenes en el campo
( http://redajic.blogspot.com.co/2017/05/manifiesto-redajic-por-la-permanencia.html ) 


El encuentro que propicio el festival agroecológico visibilizó el tejido social que como sociedad hemos construido. 

Más fotografías del encuentro en:

https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.1380400282016438&type=3
https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.1379000118823121&type=3





Salida de Campo vereda Filo Verde del municipio de Barbosa



El 08 de Abril del 2017 realizamos un intercambio de experiencias y saberes con la comunidad  de la vereda Filo Verde del municipio de Barbosa, alrededor del manejo de residuos, del agua como derecho humano fundamental y el consumo responsable. 😜





identificamos comportamientos particulares y comunitarios por medio de la construcción de una red que respondía a la generación de residuos sólidos y actitudes consumistas, invitando a cavilar sobre cómo las acciones individuales se ligan entre sí convirtiéndose en  impactos colectivos.💙






 Conocimos el trabajo e historia del acueducto comunitario, además de sus fortalezas y retos en el contexto de la privatización del agua.






Finalmente entre todos y todas construimos las propuesta de acción directa  desarrollada en el marco del 17° Festival Agroecológico el 29 de Abril del 2017


  

ACCIÓN DIRECTA: MANIFIESTO REDAJIC POR LA PERMANENCIA DE LAS Y LOS JÓVENES EN LOS TERRITORIOS RURALES - CAMPESINOS

POR LA PERMANENCIA DE LAS Y LOS JÓVENES EN LOS TERRITORIOS RURALES - CAMPESINOS






Desde hace más de 10 años las y los jóvenes de la  Red Ambiental y Cultural Juvenil Intercorregimental- REDAJIC, nos hemos pensado, cuestionado, estudiado, vivenciado los diferentes asuntos que conciernen a  la juventud en sus territorios, de los cuales podemos destacar el medio ambiente, la agroecología, el agua como derecho humano y la permanencia de la juventud en el territorio rural- campesino.
La agricultura, principal fuente económica de Colombia ha tenido un notorio cambio en las últimas décadas, se ha industrializado y ha remplazado personas por máquinas, abonos naturales por abonos tóxicos y se le apuesta más a la mega-minería y otros megaproyectos en lugar de hacerlo al mejoramiento y dignificación del campo, la vida y economía campesina.

La agroecología es una alternativa política que busca disminuir y con el tiempo eliminar los impactos negativos que ha desarrollado la agricultura convencional y generar así una vida digna a las  familias campesinas. Continúan existiendo problemáticas que afectan al territorio rural campesino y a sus habitantes,  para la REDAJIC la falta de relevo intergeneracional es una de las más visibles, dado que las y los jóvenes ya no desean o no se les permite permanecer en la ruralidad trabajando la tierra, viajan a las ciudades buscando educación o mejores ingresos económicos, dejando así a las personas de la tercera edad, padres, madres, abuelos, abuelas con el trabajo de labrar la tierra y se pierde la garantía de permanencia de los/as jóvenes en sus territorios por esa imposibilidad de realizar actividades económicas, culturales y sociales que motiven su interés en la vida y economía campesina.

Por lo cual como REDAJIC promovemos el empoderamiento político de las comunidades para la exigencia de garantías y condiciones justas por parte del Estado para la permanencia de las y los jóvenes en los territorios rurales- campesinos en condiciones dignas y permitir así que haya nuevas generaciones campesinas empoderadas de sus territorios, sintiendo amor al campo, reivindicando la identidad campesina y construyendo tejido social y ambiental.


Condiciones y garantías para que las y los jóvenes  permanezcan en los territorios rurales- campesinos:


1.    Garantías estatales para el comercio justo de los productos.

2.    No a la criminalización de la tenencia, conservación e intercambio de las semillas nativas.

3.    Dignificación del trabajo campesino, que tengan un salario justo con prestaciones sociales y que en los planes de desarrollo se reconozcan garantías económicas (subsidios) para la producción.

4.    Educación contextualizada que permita deconstruir imaginarios colectivos donde se menosprecia a los campesinos y al campo.

5.    Que a los campesinos se le reduzcan los impuestos y se les reconozca retribuciones económicas por la protección de los bienes comunes.

6.    Formalización y titularización de la tierra.

7.    Educación sobre agroecología y medios alternativos de producción.

8.    Condiciones específicas para las mujeres jóvenes campesinas (educación en derechos de las mujeres).

9.    Planes estatales para fomentar la agroecología (educativos, formativos, producción auto-sostenible, optimización de los productos, tecnologías apropiadas).

10.  Formación en herramientas jurídicas y normativas a jóvenes campesinos/as que posibiliten reconocer sus derechos.

11. Derecho al ocio, expresiones y esparcimiento cultural

¿Por qué las y los jóvenes deben permanecer en el campo?


·         Porque son los que garantizan que se pueda preservar la soberanía alimentaria.

·         Resignificación de la identidad campesina.

·         Reconocer en el que hacer campesino un accionar político que transforma y resiste.

Con jóvenes en el campo se garantiza la vida y economía campesina, relevo generacional,  oportunidades de trabajo digno, conservación de la biodiversidad, desarrollo de tecnologías en pro de la producción agroecológica, transformación social, soberanía alimentaria, reconocimiento de los campesinos y campesinas como base social que construyen redes de participación y movilización.

Medellín- Colombia, corregimiento San Sebastián de Palmitas

29 de Abril de 2017

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Diálogo entre el tigrillo vagabundo y la dulce viejecita

Corregimiento San Sebastián de Palmitas


No muy lejos de aquí, donde se abunda en formas verdes y mágicas de la tierra, donde se respira la tranquilidad no conocida, se perciben carismas sinceros, que te tienden la mano, pese a ser un vagabundo como él, pues si, un tigrillo vagabundo él, un tigrillo que  recorre las montañas y que navega  las quebradas entre ellas, que va por  el mundo solo, en busca de un sitio donde el pensamiento despierte y pueda ser libre y no sólo se halle vagabundo entre nosotros, donde los sueños doten el día a día, donde las sonrisas te brinquen sin pedirlas, donde el agua y su danza constante que de las cordilleras riegas todo tu cuerpo territorial, en la cima de San Cristóbal, y a su vez, en la cima más alta de Medellín, se encontraba el tigrillo que si rumbo, se dejaba llevar por la brújula del viento, y trazaba caminos aclarados por el sol, se hallaba allí, aún viendo un pronunciado atardecer, como se ocultaba poco a poco entre una esquina muy verde y muy alta, por allá en San Sebastián de Palmitas, siguiendo a su instinto viajero, y un olor muy dulce a panela, se sumerge en el camino tranquilo del Virrey,  atendiendo a los sonidos suaves del río, se dirige allí donde una chimenea pronuncia con su humo, una buena actividad encarnada por una viejecita que sopla y sopla para el fuego avivar.

Ella, una tierna y dulce viejecita, que con cabellera larga y como de plata, no sé si por el fuego o por el sol algo colorada pero también dorada más vital que la propia agua, se encontraba en la molienda de su morada, con fuertes brazos ella rema y bate en lo que de la tierra nace el más dulce alimento que conocemos como caña, ella, campesina, luchadora, a quien el trabajo y la tradición la hizo madurar a muy joven edad, que día a día muy temprano se levanta, al agua helada gustosa va después de mucho madrugar, luego los tragos ella se da, una aguita de manzanilla, cidrón o albahaca. Más adelante con su falda de flores, va hasta el gallinero a alimentar a los pollos y a recoger los huevos para truequear, luego pasa donde las vacas a ordeñarlas, y donde los cerdos a alimentarlos, observando desde muy alto a sus caballos galopar, al fondo apreciando cultivos de café, de caña y un gran maizal. Con machete en mano y canasta al hombro, antes de que el sol comience a quemar, ella se prepara para cosechar.

El tigrillo no duda en acercarse y en recurrir a descubrir una nueva historia tejida por otras más, se posa firme y agraciadamente y comienza a dialogar.
-¿Y tú a qué vienes por acá, de dónde vienes?, responde él, al curioso saludo interrogante: me encontraba recorriendo las calles duras, donde evidentemente ya la modernidad ha llegado, pero lo curioso fuera de toda esa masa gris organizada, me hallaba en su centro, observando que el cuerpo no solo era el cemento donde me encontraba, si no también veía  los mágicos cerros, y fuentes de poder de este territorio. Me orienté por el sol, y esperé a que se ocultase,  y seguí su último rayo, y decidí dirigirme a aquel rincón donde se ocultó, San Sebastián de Palmitas, mi último lugar en la lista del camino Aburrá. Pero antes de eso, en mi travesía por el Valle de Aburrá, conocí recorriendo:
A San Cristóbal, conocida como la culata, camino de arrieros y mulas, lugar de tránsito, conector entre el occidente y el centro administrativo, posee el lugar más alto de Medellín, el cerro del padre Amaya, que junto a la Serranía de las Baldías son semi-páramo, la quebrada la Iguaná, las flores se mecen en la cuna de Santa Elena, pero se germinan en la despensa de San Cristóbal.

Corregimiento San Sebastián de Palmitas


A San Antonio de Prado, el más poblado de todos, el que más veloz vence cemento sobre el pasto verde, el que más se acerca en alcanzar el cielo pero con bloques de concreto, pero que aún conserva en lo más alto de sus montañas, el Alto de Manzanillo, El Silencio y El Romeral.

Santa Elena, al oriente donde los primeros rayos del sol llegan cada día, rica en minas de sales subterráneas entre las montañas, una cultura floricultura muy propia, y un legado indígena que aún sigue vigente en la memoria del territorio.

A Altavista, que bien oculta se encuentra, entre senderos pronunciados entre verdes y cafés  se aprecian corredores de lodo, conformando ladrilleras para moldear material prima o arte también.

Y ya me encuentro aquí en San Sebastián de Palmitas, el más escondido de todos, entre las alturas, entre la densa niebla y entre el fresco y tranquilo ambiente, desde aquí observo el teleférico, ¿comunica veredas?

De mi recorrido por los corregimientos me he dado cuenta que aunque recónditos son muy auténticos, son los que custodian la urbe, son los que circundan el centro, entre caminos de herraduras y caminos y senderos ancestrales ecológicos se conectan entre sí, con miradores para dar vista a cada extremo de la ciudad, el alto de boquerón, los cerros, las carreteras entre montañas; los corregimientos y la urbe son un sistema, los corregimientos y la urbe son y conforman ciudad.

¿Y tú qué me puedes contar?

Comunica a tres veredas. El teleférico. Me llamo Miguela, nací en Santa Elena y mire a donde vine a parar, ella recuerda que de entre 7 hermanos, ella fue la más a cercana a su hogar quedar. Ella como todas, a temprana a edad la vinieron a casar, y con el paso de los años de su “esposo se llego a enamorar”, y pues de mi eso sólo te voy a contar. ¿Y qué más te pasó en tu travesía por la ciudad?

Pues no todo fue bello, hay historias que sucedieron tristes y que me contaron allá: -una de ellas, me la contaron un par de esposos del centro de la ciudad: resulta que en un pueblo cualquiera, de una zona cualquiera, una familia de campesinos, fueron desterrados de su tierra. Una noche, en que la luna brillaba con pudor, unos hombres armados irrumpieron la tranquilidad del hogar para anunciarles a Pedro, Lola y su hijita Martina, que su tierra ya no les pertenecía. Razones valederas no hubo, argumentos verídicos tampoco, respuestas verosímiles menos: sólo decían que a partir de ese momento, su tierra ya no era su tierra; a partir de ese momento, su tierra, sería una tierra ajena, desconocida.

Con algo más y algo menos que sus vidas, huyeron por caminos baldíos de aquella tierra que araron con pasión, de la finca que construyeron con esfuerzo, de los animales sus amigos, de la naturaleza su aliada. Lágrimas se derramaban por sus ojos, sus pies corrían para que los criminales no los alcanzaran; Pedro cargaba a la niña y Lola, a la única maleta con ropa que pudo rescatar del motín. No sabían a dónde llegarían sus pasos, cuál sería su destino en una tierra estéril para sus existencias. Después de mucho caminar, de las llagas formadas en sus pies por el afán de salvarse, arribaron a la ciudad, un colosal lote de cemento que abría sus fauces para comérselos de un solo bocado.

Estaban abrumados, no sabían qué camino correr, hacía dónde ir, con quién hablar. En su tierra, sólo había paz y tranquilidad, en esta nueva, sólo había ruido y hostilidad. Lola descargó la maleta en el asfalto, Pedro se fue a buscar ayuda dejando a Martina junto con ella. Al cabo de media hora, regresó con una idea desastrosa para el orgullo y quizás, efectiva para su capital. Tardó mucho en convencer a su esposa, más de la media hora que tardó en concebir su idea, pero lo logró; sabía que iba a lograrlo. Entonces, ese mismo día, su orgullo y dignidad, comenzó a perderse.

De campesinos a mendigos. La gente, se compadecía y no era para menos, la escena era conmovedora. Había unos cuantos escépticos que se negaban a colaborar con la causa abduciendo motivos racionales y tal vez, justos. Pero la gran mayoría, lograba conmoverse. La familia pronto, comenzó a acumular dinero, sus gastos eran pocos pues dormían en las calles del centro, debajo del río o en cualquier lugar que resultase medio cómodo. Su ruta de “trabajo” comenzó a extenderse: pasaron del Parque Berrío a las calles de San Antonio, de ahí a Prado Centro, luego a Alpujarra donde pocos se negaban a dar su aporte, posteriormente a Exposiciones abordando a transeúntes desprevenidos, tampoco El Poblado se salvó y algunos cuantos participaron del festín, mucho menos dejaron de ir a la estación Hospital donde todos están enfermos de todo menos de falta de plata, así mismo no dejaron de ir a Universidad, allí los conocí, donde algún estudiante crédulo arrojó unos cuantas monedas a su alcancía callejera llena de valor. Y así como pasaron de lugar en lugar, pasaron también los años y con ellos los problemas: la policía, la comunidad que empezaba a rechazarlos fuertemente, la competencia con los nuevos desplazados que llegaban a la ciudad en una cantidad que aumentaba año tras año. En todo caso, el negocio, estaba dejando de ser tan rentable como antes.



La viejecita mientras el relato impredecible del tigrillo se sirvió para los dos una aguapanela recién hecha y muy caliente, e invitó aquel visitante a su cálido hogar a  descansar, se posó sobre un tapete al lado de la chimenea y observó el sol apoderarse poco a poco del sitio con su brillo de medio día, y comenzó a observar un albúm de mil fotos, donde no faltaba en ninguna la dulce viejecita, ahora la que tendría que relatar algunas historias sería ella, por lo que no dudo entonces en emplear al tigrillo en la molienda para muchas aguapanelas poder preparar. 


Escrito por: Juan Gabriel Restrepo, Sociólogo de la Universidad de Antioquia, miembro y promotor de la REDAJIC.